La tecnología en el ámbito de la reproducción asistida ha avanzado significativamente.

Una de las técnicas más útiles que nos ha traído este avance es la del Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP), una herramienta capaz de analizar toda la carga cromosómica del embrión. Su uso en reproducción nos permite determinar que no existan en él problemas de ADN incompatibles con el embarazo evolutivo y el desarrollo sano del bebé.

Cuando decimos que podemos analizar toda la dotación genética también nos referimos, en efecto, a los cromosomas sexuales para saber si el embrión analizado tiene dos cromosomas X (será una niña) o un cromosoma X y otro Y (será un niño). Por lo tanto, sí, desde un punto de vista técnico podemos conocer el sexo del embrión.

Pero la ley que regula la reproducción asistida en nuestro país (Ley 14/2006, de 26 Mayo) prohíbe la selección de género con fines no médicos. El DGP sólo se puede aplicar para la detección de enfermedades genéticas graves o aquellas que comprometan la viabilidad del embrión. Únicamente se pueden seleccionar embriones de un sexo determinado cuando sea necesario para evitar la transmisión de enfermedades ligadas a los cromosomas sexuales.

En resumidas cuentas: no se puede elegir el sexo del embrión que será transferido.